Pensando en el regreso de un tren lejano, sacude mi sombra
un abstracto sentir camuflado; mañana te daré razones para perderte en el
despilfarro y volverás a mis brazos, aunque pienses que no es lo adecuado.
Esperando el regreso de un tren lejano escribo porque siento
que el querer es momentáneo.
Momentáneo, pero daña, porque es arma, como éstas palabras
que en el viento divagan mientras el día cae, en mis cansadas botas que yerran
entre karmas. No son más que el frió de las almas, de las intenciones que se
gastan, por no dejar fluir las esperanzas, cuando mi mente imaginariamente
avanza y a pasos cortos desgarra tu garganta.
No hay que esperar menos de lo que un día se fue lejos,
porque allí donde quedaste, se abatieron sentimientos. No hay que esperar
menos, sí el amor y el universo son cuestiones tan diversas, tan complejas y
tan ciertas, que en la mente enferma de quien las deleita, solo quedan dudas
que se espesan en el humo como en ésta tarde que por ti en letras me desnudo.
No podría reprocharte tus enojos, si resumo, las cuestiones
que meditando en vos y en la vida reconstruyo, porque sé que miedo invade con
solo una mirada que a tus ojos yo denuncio. Y
así no sea bien visto hoy lo revivo, sabiendo que el secreto que nos
une, desde antes de tocar tú boca, solo en sueños, ya era nocivo.
¿Qué pasa sí te
cuento que te escribo desde tiempos infinitos?, no sé qué dirías sí mis versos
te dedico, o sí solo me cohíbo y entre letras que luchan por hablarte con apego
yo me rindo.

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