martes, 23 de octubre de 2012

vivir a cantaros







Busca el hombre la felicidad, busca entre escenas perladas de subjetividades idílicas superficiales…. Va de aquí para allá recorriendo aíslas en el espacio tiempo de la vida.

Esa vida que se ejerce desde el concepto más material de la palabra labor, esa labor que en otros tiempos significó amor pero que ahora no es más que un engranaje  de todo un sistema que promete fotografías rosadas mediante una diabólica caja cuadrada…

Aquellas fotografías escarchadas de deseos inalcanzables…. Busca el hombre alcanzar estos deseos creaciones de su propia mente enferma queriendo encontrar una felicidad que en este régimen solo se puede vivir mediante instantes construidos  de pequeños y vacíos placeres.

¿Busca el hombre la felicidad? Busca desempeñar un rol en una comunidad de presuntuosos seres vacantes de alma, rodando y sudando…. Andando y compitiendo….. Yendo hacia ningún lugar…. Pasándose el tiempo como maquinas productoras de nada….  Para al final comprender que ha sido nada en un mundo que ni siquiera le pertenece. 

Perfecto embeleso lunar









La humedad de un aire frío me recordó que anochecía, memoraba el árbol que una mañana me hizo comprender que era tarde para pensar en Dios. Dios ya no era el mismo de ese amanecer cuando entre las colinas te adore por unos segundos mientras el aire tibio colmaba mis vacíos pensamientos y me empujaba a los más cálidos instintos.

Esa noche comprendí que quería verte de nuevo y Salí a buscarte entre charcos salados de recuerdos, no había mas que la oscuridad absoluta, la misma oscuridad que hay ahora en mis ojos cuando miro al cielo, la misma oscuridad de un amor vencido con el que se sueña toda la vida y solo vive justo antes de morir.

Sabia que debía encontrarte antes del ocaso, también sabia que había una luz queriendo guiarme, la misma luz del tren al que no me subí por miedo a perder la voz, la misma voz que no escuche por miedo a perder el tren.

Faltaba poco para un perfecto amanecer y ahí estabas tú; con ese brillo de un triste declive de amor, ese que de nuevo llenaba mi extasiada alma. Las lágrimas que brotaban de mis ojos me hacían recordar la última vez que llore, aquella tarde que no anocheció y no pude verte.

Ahora sé por que te escondías, muchos no son dignos de verte y esta noche después de amarte se que por fin soy digno de morir en ti.

Final de un inmortal





Después de darse cuenta que su vida cíclica se arruinaba cada vez más y que las oportunidades en el amor se habían acabado quizá para siempre. El contemplaba el reflejo de la luna llena sobre el profundo lago donde deseaba ahogar sus amarguras y al mismo tiempo su sed de sangre. Aun sabiendo que no era real, sumergía sus manos con anhelos de tocarla. Lo hacia desde siempre, siempre la había deseado y ella siempre había estado allí observando aquel hombre que la amaba, siempre ahí con un débil rayo de luz iluminando su caminar y su lánguida cara blanca.

A ella no le gustaba la soledad de la noche y aunque se vistiera de gala plateada no podía ocultar la tristeza que invadía su aura. El también estaba solo en el mundo, su larga vida le había servido para darse cuenta que es trágico amar a alguien que evidentemente esta en tu universo pero a distancias imposibles de alcanzar. Sabía también, que los sueños no siempre se realizan, que hay brechas inimaginables y cosas inviables que dependen de factores externos sobre los cuales no se puede imperar. Su vida inmortal nunca había sido dichosa, la tragedia lo perseguía como una penumbra de la cual no podía desprenderse. A el como a la luna tampoco le gustaba la noche pero solo en ella podía existir. Miles de años bajo el mismo cielo se le hacían ya remotos, monótonos y amargos, la noche no significaba nada y tampoco su vida. Se había cansado del desconsuelo, de la desdicha, del desamor y sobre todo del vació el cual se había convertido en su única compañía. Ahora por fin había decidido librarse y aunque nunca pudiese consumar su amor lunático con lágrimas en los ojos le dijo adiós; esperó la llegada del sol y con esta su tan anhelada muerte.