La humedad de un aire frío me
recordó que anochecía, memoraba el árbol que una mañana me hizo comprender que
era tarde para pensar en Dios. Dios ya no era el mismo de ese amanecer cuando
entre las colinas te adore por unos segundos mientras el aire tibio colmaba mis
vacíos pensamientos y me empujaba a los más cálidos instintos.
Esa noche comprendí que quería
verte de nuevo y Salí a buscarte entre charcos salados de recuerdos, no había
mas que la oscuridad absoluta, la misma oscuridad que hay ahora en mis ojos
cuando miro al cielo, la misma oscuridad de un amor vencido con el que se sueña
toda la vida y solo vive justo antes de morir.
Sabia que debía encontrarte antes
del ocaso, también sabia que había una luz queriendo guiarme, la misma luz del
tren al que no me subí por miedo a perder la voz, la misma voz que no escuche
por miedo a perder el tren.
Faltaba poco para un perfecto
amanecer y ahí estabas tú; con ese brillo de un triste declive de amor, ese que
de nuevo llenaba mi extasiada alma. Las lágrimas que brotaban de mis ojos me
hacían recordar la última vez que llore, aquella tarde que no anocheció y no
pude verte.
Ahora sé por que te escondías,
muchos no son dignos de verte y esta noche después de amarte se que por fin soy
digno de morir en ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario