Con muchas letras en mi cabeza y
escuchando viejos temas, concluyo un día de abril que seguramente podría
describirse como una mierda.
Desde el momento mismo en que la ciudad colapsa por la lluvia,
empieza a sufrir mi cerebro. Lluvia que yo, desde mis adentros agradezco,
pero que también lamento. Porque andar en MIO mientras llueve a cantaros en
este valle de sed, es de verdad un caos y yo de paciencia carezco.
Por fortuna tengo música,
medicina vital para que mi perspicacia no muera y parecer entonces una simple gráfica. Me gusta pasar de ser ciudadana decente y más
bien volverme hiriente, evito las miradas de la gente, sí sonrío es por esos
sonidos que a pesar del frío me hacen sentir fuera de aquí. Sonidos que me drogan, que no podría dejar ir, tampoco
las cosas que imagino cuando pienso en ti.
No todo es tan malo, por ejemplo,
me gusta el asfalto mojado, me remite a olores de algún incierto pasado. Por soportar en silencio lo que hace tanto
tiempo debió ser narrado, a veces muero y luego recuerdo que ya te he besado.
La vida tiene causa con su efecto, es algo en lo que hay que encajar y en medio
de chistes sonríen todos por no llorar, porque en el MIO vamos como peces en latas
baratas y esa es la única verdad.
Respiro el humo de una ciudad que carece de identidad,
aire húmedo y lleno de infelicidad, puede ser olor a resignación o mediocridad.
Vuelvo a la vida real, y no puedo negar que me quisiera largar.
Pero en tus ojos encuentro algo que,
en ningún otro lugar, esos dos huecos son como un océano ancestral, olvidaría
por un rato lo que tanto me hace divagar; el dinero, el trabajo, la amistad.
Incluso, el hecho de pensar que mi país se quedará sin mar.
Me duele la selva,
la sierra, el desierto. Me duele el desacierto de un gobierno que elegimos sin
tener fundamentos y luego reímos con el fútbol, los famosos políticos sin
adeptos y otros rebuscados alientos, nos conducen fácilmente en desconocidos lineamientos.
Vuelvo a empezar, ojalá la tecnología
de la vida permitiera rebobinar, sin conocerte yo sé que locamente te empezaría
a buscar, podrían pasar años como cuando hay algo que atormenta, pero no
quieres dejar, podría ser un mal colombiano pero lo acepto con serenidad.
En ésta
fría oscuridad te quisiera encontrar, mi mente está agobiada con tanta leña por
quemar. Solo sé que disfrutaría alcanzar tus manos, te amarraría para leerte mil textos bajo inhóspitas lluvias caleñas, quisiera atacarte con dagas verbales, tras acabar
con tus recuerdos mentales y en ésta noche intensa, intentar ser tu dueña.