Veo mis pies bajando unas
hermosas escaleras de alfombra azul adornadas con un borde de plata, veo mis
pies descalzos pero no mis manos; me invade un sentimiento de esperanza y
quiero ver el final del camino pero lo único que veo son escalones cada vez más
brillantes. Son finos eso lo reconozco, y no entiendo cómo, sí siempre me ha
faltado exquisitez. Un mareo me invade y frente a mis ojos se abre una
puerta, algún reconcomio me empuja a atravesarla y lo que veo a
continuación es nieve muy brillante y blanca.
No tengo ropa de invierno y aun
así no tengo frió. Continuo viendo mis pies y las huellas delicadas que dejo en
la nieve me producen alguna nostalgia que no logro comprender y al levantar la
mirada, ahí está el, frente a mí con esos ojos azules brillantes y sus labios
rojos tan delirantes, no sé quién es, pero lo amo y el a mí y con un beso
nuestras almas se funden, reposamos nuestros cuerpos sobre la blanca nieve y
nos dejamos embriagar por el deseo que recorre nuestra piel.
No hay palabras solo besos y lo que siento es totalmente nuevo, a lo lejos se
escucha el bramar de unos tambores y recuerdo esa leyenda que
habla de un hilo rojo que es invisible y que conecta a dos personas que
están destinadas ineludiblemente a encontrarse a pesar del tiempo, la
distancia, el lugar y las condiciones. Ese hilo puede extenderse, enredarse…
Pero jamás romperse y a pesar de ser invisible lo siento, recorre nuestras
cinturas y nos tiene totalmente unidos.
Tal vez sea por la efusión del
lugar que empieza a llover y la lluvia es cálida, el decide marcharse y la
tristeza me llena de pequeños choques eléctricos que van desde mis pies hasta
la cabeza, y lloro bajo la lluvia seca, no recuerdo nada más de aquel
encuentro.
Abro los ojos y veo el techo de
mi habitación ella no está pero siento todavía sus labios sobre los míos fue un
camino largo el que tuve que recorrer para volver, me pongo de pie y veo mis
pies descalzos sobre el piso de mármol, veo mis pies pero no mis manos, todo
está igual en mi vivienda pero un sentimiento de vacilación me desconcierta,
quizá todavía este ahí, tal vez aún no me he ido... y al verme en el espejo me
sorprende la imagen indefinida de mi rostro, pero sé que soy yo
porque alcanzo a deslumbrar mis brillantes ojos azules.
Sonrío y con la esperanza de
verla de nuevo, camino hacia la puerta de la habitación, el piso ya no es de
mármol ahora una alfombra azul muy fina me guía hacia los escalones, bajo tan
rápido como puedo y nuevamente veo esa puerta, la abro con tal alteración que ruedo
a través de ella, y siento bajo mi rostro la caricia suave del prado, al
levantar la mirada me atrapa un frondoso bosque, y al ponerme de pie concibo la
hierba bajo mis dedos, camino y me adentro en el verde, el corazón es quien me
guía y vuelvo a escuchar esos tambores; Un recuerdo me invade de alegría y de
pronto veo esa cabellera de color castaño y esos labios dulces tan exquisitos.
No damos más de dos pasos y ya estamos unidos el uno al otro en un beso de
amor. Nos miramos fijamente a los ojos como hablando con la mirada, y de esta
forma nos prometemos encontrarnos cada noche en cada sueño, para amarnos
eternamente. Y después de sellar esta promesa con un beso; despierto, miro mis
manos y vuelvo a ser yo, he dormido, no sé cuánto tiempo, estoy frente a mí
con una historia por escribir.
No hay palabras solo besos y lo que siento es totalmente nuevo, a lo lejos se escucha el bramar de unos tambores y recuerdo esa leyenda que habla de un hilo rojo que es invisible y que conecta a dos personas que están destinadas ineludiblemente a encontrarse a pesar del tiempo, la distancia, el lugar y las condiciones. Ese hilo puede extenderse, enredarse… Pero jamás romperse y a pesar de ser invisible lo siento, recorre nuestras cinturas y nos tiene totalmente unidos.
No damos más de dos pasos y ya estamos unidos el uno al otro en un beso de amor. Nos miramos fijamente a los ojos como hablando con la mirada, y de esta forma nos prometemos encontrarnos cada noche en cada sueño, para amarnos eternamente. Y después de sellar esta promesa con un beso; despierto, miro mis manos y vuelvo a ser yo, he dormido, no sé cuánto tiempo, estoy frente a mí con una historia por escribir.
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